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¿Y si el problema no fuera qué tan grande es tu pecado… sino lo cómodo que te sientes con él?
El enemigo no necesita escándalos para destruir una vida; le bastan pequeños permisos, justificaciones espirituales, rutinas tibias y pecados “leves” que se acumulan lentamente hasta alejarnos de la luz.

Muchos creyentes viven buscando el límite exacto para pecar sin sentirse culpables: romper la ley sin “romperla del todo”, acercarse al fuego sin quemarse, llamar normal a lo que Dios ya señaló como peligro. Pero el pecado nunca es inofensivo. Siempre quema, siempre abre puertas y siempre deja consecuencias, aun cuando se disfrace de buena intención o gracia mal entendida.

Jesús no murió para que siguiéramos pecando con tranquilidad, sino para que fuéramos libres del pecado. La cruz no es permiso para vivir igual, es poder para vivir diferente. Hay una guerra espiritual real por nuestra alma, y cada decisión diaria define a quién le damos lugar.

🎯 ¿Estás justificando lo que te aleja de Dios… o permitiendo que el Espíritu Santo confronte y transforme tu vida?