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La paciencia es una de las pruebas más visibles del amor. Amar con paciencia no es pasividad; es constancia sostenida en medio del proceso. Muchas relaciones se deterioran no por falta de amor, sino por prisa. Queremos cambios inmediatos, respuestas rápidas y resultados visibles.
Por eso, el amor verdadero se prueba cuando el dolor y la espera se encuentran. El amor nos recuerda que la paciencia no ignora el sufrimiento, pero se rehúsa a permitir que el dolor gobierne el corazón. De modo que, amar con paciencia es confiar en que Dios sigue obrando aun cuando no vemos avances.
Tal vez estás esperando cambios en alguien cercano o en una relación que parece estancada. Recuerda que la paciencia no es resignación; es esperanza sostenida en Dios. Por eso, entrégale tus tiempos a Dios y permite que Él marque el ritmo del proceso.
Así que, ama con paciencia, confiando en que el amor que espera en Dios no se pierde. La Biblia dice en 1 Corintios 13:4: “El amor es sufrido, es benigno…”. (RV1960).