Pocas cosas incomodan tanto como un plan interrumpido. La Navidad comenzó con una agenda rota y un camino redirigido. José tenía proyectos sencillos, pero Dios lo llamó a custodiar un milagro. Lo que parecía desorden era, en realidad, una asignación sagrada. De modo que hoy mira tus interrupciones con discernimiento: tal vez no te están deteniendo, te están guiando. A veces, la puerta que se cierra es la misericordia que te protege.
José obedeció sin escenario y sin aplausos. Además, su obediencia silenciosa sostuvo el plan redentor. Cuando Dios desordene tu ruta, resiste la tentación de controlar y elige confiar. Pregunta: “Señor, ¿qué propósito estás revelando en este cambio?”. ¿Qué debo aprender, qué debo soltar, a quién debo amar mejor? A veces, Dios quita una ruta cómoda para darte una misión que te forma, te humilla y te alinea.
Si el Señor cambia tu camino, también proveerá para recorrerlo. Camina paso a paso, y verás provisiones donde antes solo veías incertidumbre. Dios suele revelar el siguiente paso, no todo el camino.
La Biblia dice en Proverbios 3:5–6: “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. (RV1960).