En este mensaje, “Debe andar como Él anduvo” nos invita a empezar el año con un balance real: no hacer borrón y cuenta nueva, sino revisar qué aprendimos y, sobre todo, qué estamos viviendo de verdad. La pregunta que atraviesa toda la charla es simple y filosa: si decimos que permanecemos en Jesús, ¿nuestra manera de andar se parece a la de Él?
A partir de 1 Juan 2:4–6, la enseñanza pone el foco en la coherencia cristiana: no alcanza con decir “yo le conozco” si la vida diaria no refleja obediencia, decisiones guiadas por Dios y una fe que se sostiene cuando llega la adversidad. Por eso vuelve varias veces la idea central de Debe andar como Él anduvo, o dicho de otra forma: andar como Jesús anduvo, imitar su dependencia del Padre y su forma de vivir lo que enseñaba.
También se trabaja el costo de sostener esa incoherencia entre lo que decimos y lo que hacemos: frustración espiritual (cuando la Palabra queda desplazada por el afán y las preocupaciones), una fe débil “como casa sobre la arena”, inmadurez por falta de “uso” (aplicar), y un testimonio poco convincente para los que no creen. En otras palabras: menos discurso y más vida transformada; menos oidores y más hacedores de la Palabra.