En este mensaje titulado “Mi vida tiene sentido cuando soy hijo de Dios”, se plantea una pregunta que atraviesa toda la prédica: ¿lo que estamos viviendo hoy realmente tiene sentido para nuestra vida? A lo largo del mensaje, se invita a revisar el año vivido, no desde el éxito o el fracaso, sino desde la plenitud interior y la identidad espiritual que guía nuestras decisiones diarias.
La enseñanza desarrolla cómo muchas veces buscamos sentido en el trabajo, el dinero, los logros, los viajes o el reconocimiento, pero aun así seguimos sintiéndonos vacíos. Mi vida tiene sentido cuando soy hijo de Dios porque la identidad no nace de lo que hacemos, sino de quiénes somos delante de Él. Desde Génesis hasta el evangelio de Juan y la parábola del hijo pródigo, se muestra que Dios siempre establece primero la identidad de hijos antes de cualquier tarea o resultado.
A lo largo de la prédica, Mi vida tiene sentido cuando soy hijo de Dios se conecta con la restauración de la paternidad de Dios en nuestra vida. No se trata solo de volver a Dios cuando todo sale mal, sino de vivir cada etapa —incluso las difíciles— con la certeza de estar bajo Su guía. Jesús mismo es presentado como el mayor ejemplo de cómo vivir como Hijo, dependiendo del Padre y encontrando sentido incluso en el sufrimiento.
Este mensaje invita a dejar de vivir desde el currículum, la agenda llena o el éxito externo, y volver a los brazos del Padre para recuperar la identidad que da sentido real a la vida. Porque cuando entendemos que somos hijos de Dios, la vida empieza a ordenarse desde adentro hacia afuera.