Mira qué lindo es mi bohío,
y qué alegre mi palmar,
y qué fresco el platanar
de la orillita del río.
Qué sabroso tener frío
y un buen cigarro encender.
Qué dicha, no conocer
de letras ni astronomía.
Y qué buena hembra la mía
cuando se deja querer.
Dejame en el campo.
con la tierra y con el sol,
que mi riqueza es el espacio,
pan sobao y mi sazón.
Si en la noche hace frio
y el alba vuelve a nacer,
entre monte, bien jendío
yo me quedo pa’l Bembé.
Te canto claro del río,
bajo luna de manglar,
se oye al gallo madrugar
y al monte decir lo mío.
Bendito el sueño tardío,
sin reloj que perseguir,
ni patrón pa’ decidir
mi rumbo y mi poesía,
que brota en la noche fría
cuando canto me vas a oír.
Dejame en el campo.
con la tierra y con el sol,
que mi riqueza es el espacio,
pan sobao y mi sazón.
Si en la noche hace frio
y el alba vuelve a nacer,
entre monte, bien jendío
nos vamos a amanecer.
Hoy salió el gallo del nío,
junto al verde cafetal,
canta fuerte el temporal
retando al desafío.
Mi flamboyan bien lucío,
pan caliente pa’ morder,
y paciencia pa’ creer
que en simpleza hay alegría,
y en la tierra sabiduría
que se aprende al amanecer.
Dejame en el campo
con la tierra y con el sol,
si vieras este palacio
Humilde y de corazón.
Que se quede aquí mi canto,
con el monte por testigo,
entre río, tierra y manto
yo me quedo… yo sigo.