Listen

Description

Alberto Ruiz, uno de los grandes cantantes de nuestra tierra, tan pródiga en ritmos, estilos y, cómo no, en imperdonables olvidos, interpretó magistralmente sones, boleros, guarachas, montunos, y todo género que se le puso por delante con su timbre cálido y un dominio absoluto del ritmo y las inspiraciones.

Con un estilo de vocalizar marcado por peculiares melismas, Alberto Ruiz identificó la fabulosa era de los conjuntos soneros que, durante los años 40 del siglo XX, fueron punto de giro importante en la evolución de la música popular cubana, y fuente inequívoca de la posterior era "salsera" impulsada a su vez por la desarticulación del entramado de difusión independiente cubano.

Apreciaban sus contemporáneos la similitud de Alberto Ruiz con el malogrado cantante Pablo Quevedo, ídolo popular de los primeros años 30, desaparecido tempranamente, víctima de la tuberculosis.

En cualquier caso el recuerdo de Alberto Ruiz con su conjunto "Kubavana" nos devuelve hoy el esplendor de aquellas formaciones soneras progresivas que, en plena década del 40, representaron un paso de avance, incorporando elementos rítmicos fundamentales como la tumbadora y la campana, y enriqueciendo el apartado melódico y armónico ampliando la sección de metales a dos y tres trompetas.

En sus filas unos juveniles percusionistas Carlos "Patato" Valdés y Armando Peraza y el pianista Eulogio "Yoyo" Casteleiro. Las voces de Mario Recio, Roberto Faz, Carlos Querol, Laíto Sureda y Orlando Vallejo, entre 1944 y 1947 cerraron los coros del "Kubavana" junto a su cantante estrella: Alberto Ruiz.

Y de la era de los conjuntos de los progresivos años 40, pasamos a los 50 cuando el auge del "cha cha chá" aseguraba a las orquestas típicas un segundo aire en los escenarios.

Recordaremos al flautista José Antonio Fajardo en tres tiempos. Primero, mediando los años 40, junto a la orquesta del llamado "Rey de la Melodía": Joseito Fernández.

Fajardo, ya avanzada la década del 50, consagrado en los espacios bailables a lo largo y ancho de la isla, cristalizó estilo y sonoridad gracias a sus grabaciones para los discos "Puchito" y más tarde para el pionero sello "Panart". El "Fajimambo", siempre el músico popular queriendo dejar su huella en el tiempo.

Con su ritmo charanga Fajardo conquistará el aplauso de la colonia latina en Nueva York: "Pa Coco solo", otra de sus últimas grabaciones en La Habana. "Los Sitios llaman" y "Desconfianza", danzón-bolero.

Volvemos a repasar ciertas memorias del aire que, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, tuvieron muy en cuenta a la próspera colonia española asentada en la Isla.

Juan Legido, cantante de origen marroquí, triunfó en La Habana de los primeros años 50 como cantante de "Los Churumbeles de España" una de aquellas orquestas que, en la frontera de los 40 a los 50, encontraron en La Habana una plaza artística nada despreciable.

Angelillo, un soberbio cantaor flamenco, de paso por Cuba allá por 1937, conquistó a los oyentes de la Radio Cadena Suaritos con esta versión de "Ojos verdes". Grabación histórica que hoy dedicamos a nuestro entrañable Cristóbal Díaz Ayala.

La cubana Obdulia Breijo, en su paso por la radio y televisión, con el sobrenombre de "La Sevillanita", representó toda aquella época de incesantes presentaciones en directo donde los artistas criollos alternaron con muchos intérpretes españoles recién llegados al Caribe dispuestos a triunfar y "hacer las Américas".

En 1951 hicieron furor en la radio cubana el Niño de Utrera y Trini Morén con este drama cantado que seguramente hizo derramar más de una lágrima: "El hijo de nadie".

Como llegamos, nos vamos. Volvemos al recuerdo de aquellos formidables conjuntos cubanos que durante los años 40, 50 y 60, reforzaron la presencia de la música popular cubana en el mundo.

Tres grandes del Son: Aristides Balmaseda, Filiberto y el chino Lahera con el Conjunto "Estrellas de Chocolate ", el piano de Columbié, y los arreglos y el tres del gran Niño Rivera.