Hoy la existencia se escribe en versos, en un poema celestial donde el sufrimiento se transforma en redención y cada palabra vibra con la pasión del amor de Cristo. Imagina que cada experiencia dolorosa es un verso que, al ser pronunciado por el alma, se convierte en una oda a la esperanza y a la salvación. El dolor se torna en poesía, y la pena se convierte en un canto de fe que trasciende las fronteras de lo humano.
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