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Description

Angelical tacto para los moluscos.
La primera vez que uno toca ligeramente la piel de una aplisia cerca de su frágil agalla, ésta se retrae e introduce en una cavidad rocosa donde espera segura hasta que pase el peligro. Entonces llueve súbitamente sobre el mar, al que las gotas de agua ponen la carne de gallina como si la mar fuera una muchacha empapada hasta lo más hondo por una ola enfurecida.
La de la aplisia es una reacción de lo más sensible. Sin embargo, si se toca el mismo punto repetidas veces sin dañar a la aplisia para nada, eso que conste, el animal pronto se habitúa al estímulo y deja de retraer la agalla, hasta le gusta, tal y como acontece, ni más ni menos, con algunos sexos.
Este fenómeno se conoce en psicología con el nombre de habituación. Extrayendo el ganglio abdominal de la aplisia a través de una hendidura practicada en la piel, científicos hubo que consiguieron estudiar las cinco neuronas motoras en el momento en que la aplisia se habitúa a un roce constante y suave sobre su agalla. Más cuando tal experimento hacían los científicos empezó a llover torrencialmente contra los cristales del laboratorio. Llegó entonces una hermosa científica calada por la lluvia en el corto trayecto que iba del laboratorio a la tienda de ultramarinos de la esquina. Traía varias latas de mejillones en conserva y sugirió un alto para la merienda. Harto sorprendida quedó aquella mujer de que sus compañeros científicos banderilleasen a los mejillones con los palillos, como quien no tiene más que comer. Y como pensara que en vez de miembro viril tendrían aquellos doctores un bisturí, decidió no desnudarse, por si acaso, y proponer la orgía, posponerla mejor dicho, en una situación más propicia. Por ejemplo, cuando los moluscos se organicen en un sindicato y pidan equiparación, incluso equiparación universitaria, con todos los coños del mundo.