El ojo frío
Texto de Francis Picabia
Después de nuestra muerte, deberían meternos en una bola, una bola de madera de varios colores. La empujarían rodando hasta el cementerio y los enterradores encargados de esta tarea llevarían guantes transparentes, a fin de recordar a los amantes el recuerdo de las caricias.
Para aquellos que quisieran enriquecer su instalación con el placer objetivo del ser amado, habría bolas de cristal, a través de las cuales se descubriría la desnudez definitiva de su abuelo o de su hermano gemelo.
Surco de la inteligencia, lampara steeplechase; los humanos se parecen a los cuervos de mirada fija, que emprenden su vuelo por encima de los cadáveres y todos los pieles rojas son jefes de estación.