Cuba lleva 67 años bajo el mismo régimen. Sin elecciones libres, sin prensa independiente, con más de 700 presos políticos en sus cárceles, apagones de 18 horas al día y una economía que se ha presentado a sí misma, en palabras de su propio ministro, como 'un plan para manejar la crisis', no para superarla. Y en ese contexto, Donald Trump lleva meses intentando tumbar al régimen cubano sin invadir Cuba, con sanciones, ultimátums, órdenes ejecutivas y amenazas de portaaviones, en una política que mezcla la doctrina Monroe del siglo XIX con los tuits del siglo XXI: dura, errática, efectista y de resultado incierto.
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