El mensaje se centra en la profunda transformación que experimentamos al convertirnos en el "pueblo de Dios". El pastor Horacio enfatiza que esto no se trata de una religión o un conjunto de reglas, sino de un estilo de vida arraigado en la misericordia y el sacrificio de Jesús. A través de ejemplos conmovedores, el pastor ilustra cómo la misericordia de Dios alcanza a todos, desde los marginados hasta los que sufren. El mensaje central es que, independientemente de nuestro trasfondo o cultura, en Cristo encontramos una nueva identidad y un propósito. El Ps. Horacio nos recuerda que somos el templo del Espíritu Santo y que nuestra conducta debe reflejar esta verdad.