Durante la Primera Guerra Mundial, las canciones desempeñaron un papel crucial como herramientas de supervivencia psicológica y cohesión, variando temáticamente según la nación. En el bando británico, "It's a Long Way to Tipperary" fue el primer gran éxito, seguido por "Pack Up Your Troubles in Your Old Kit Bag", cuyo estribillo instaba a los soldados a "sonreír, sonreír, sonreír" frente a la adversidad, convirtiéndose en un éxito viral que trascendió fronteras. Para los franceses, la canción emblemática fue "La Madelon" (o "Quand Madelon"), que rechazaba la retórica bélica en favor de una historia reconfortante sobre una camarera que, al negarse a casarse con un solo hombre, pertenecía a "todo el regimiento", aunque la disidencia también se expresó a través de la "Chanson de Craonne", un himno antimilitarista asociado a los motines de 1917. Por el contrario, la experiencia alemana estuvo marcada por la solemnidad de "Ich hatt' einen Kameraden" ("Yo tenía un camarada"), un lamento del siglo XIX que ritualizaba la muerte y el duelo militar, aunque los soldados a veces parodiaban las canciones oficiales para reflejar su sufrimiento. Finalmente, la entrada de Estados Unidos impulsó temas de movilización como "Over There" de George M. Cohan, mientras que las tropas serbias en el exilio encontraron su himno en la nostálgica "Tamo daleko" ("Allí, lejos").