Bella ciao se ha consolidado como el himno por excelencia de la Resistencia italiana y un símbolo global de libertad, a pesar de que su difusión histórica durante la lucha armada fue más limitada y circunscrita geográficamente (principalmente en Emilia y los Abruzos) que la de canciones como Fischia il vento. Su popularidad masiva se cimentó en la posguerra, especialmente a partir de los años sesenta, debido a que su letra se enfoca en la lucha contra el "invasor" sin incluir referencias políticas explícitas al comunismo, lo que facilitó su adopción como un vehículo de memoria antifascista unitaria y ecuménica. Aunque sus orígenes musicales son complejos y se vinculan a baladas antiguas como Fior di tomba e incluso a melodías yiddish, estudios musicológicos sugieren que la famosa versión de las trabajadoras de los arrozales (mondine) fue compuesta probablemente después de la guerra (hacia 1951) basándose en el canto partisano, y no al revés. En la actualidad, la canción ha trascendido sus fronteras originales para convertirse en un estandarte de protesta internacional contra la injusticia, resonando en movimientos antiglobalización y siendo revitalizada por la cultura popular contemporánea.