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Es difícil saber qué poner

en una hoja de pequeño ancho

y de poco largo también

hoja que no es mas que cacho.

Ayer desperté contento aquí

pero el día triste pasó a ser

cuando supe que no podría verte

¡Oh, libertad! cuándo te veré al fín

Esperanza de tener a dónde ir

y mi espíritu salga de su encierro

que mi nueva libertad sea de hierro

y a donde yo desee pueda partir.

Escucharé mientras Vasos Vacios

vasos no llenos al cien por ciento

más bien conos de papel doblados

llenos de aire, agua y polvorientos.

Sí, así es vivir en el manicomnio

si hay quien desea el matrimonio

habrá locos deseando ser locos

y entrar así donde estoy solo.

Carámba, pensaba que aquí entraban

sólamente los que estaban locos,

ahora, conforme los días pasan

veo que los idiotas entramos más pronto.

Idiota yo que no debí haber contado

que ni un perro me ladra

porque mi vieja me ha dejado

Debí decir que nada de eso me deprime.

Las palabras de aquél papel eran extrañas pero tenían sentido. El oficial Guerrero solamente lo tomó y lo colocó en la bolsa de evidencias. No había más que decir, el loco se había suicidado por motivos pasionales, fué encerrado en el manicomnio por una depresión que lo llevó a la catatonia.

Según la enfermera encargada del paciente Méndez, en los últimos quince días, durante su hora de esparcimiento, la enfermera le prestaba un crayón y Javier escribía en una pequeña hoja, de diez centímetros por diez, algo que nunca acababa de escribir. Ahora sabía qué era lo que había escrito y no le decía nada, solo le confirmaba que el tipo estaba loco.

Bajo la almohada del sujeto también habían otras tantas hojas con el mismo texto, palabras más palabras menos, todas enfocadas a afirmar que él no era un loco, sino un hombre fastidiado de la vida, un hombre carente de sentido de vida.

Omar Guerrero guardó una de esas hojas para sí, una hoja que era diferente a todas las demás; el texto no era elocuente ni tan extenso como el anterior, más bién parecía la conclusión de este. Conservó la nota y a los dos meses él también fué internado en el manicomnio, repitiendo los mismos patrones de conducta que Méndez. Se ahorcó con las mangas de su bata, las retorció como si se hubiera abrazado a él un fantasma, increíblemente permaneció quieto, no había señales de instinto reflefo de supervivencia ante el acto de asfixia; había permanecido quieto mientras se le escapaban el aire y la vida.

La policía encontró en casa de Guerrero la nota del suicida inicial, luego hallaron bajo su almohada del hospital el último texto que Guerrero escribió, decía lo siguiente:

Mi esposa ha muerto

mi libertad ha vuelto

pero no tengo nada cierto

la vide es un encierro

La vida no me suelta

no existe el amor verdadero

y ese era su mejor anzuelo

el misterio ya no tiene velo.

Somos peones de una gran fuerza

su tablero es esta fútil farsa

que me mantiene en la inconsciencia,

esclavo de la humana existencia.

Amor, éxito, poder y dinero.

¿De qué sirven si no hay premio?

Emoción es lo que quiero,

pero no existe nada serio.

La emoción es seria,

sin emoción no hay vida

y si la hay no es bella

más valdría muriera.

Nadie se pudo explicar por qué en abmas cartas mencionaban una esposa. Según se supo en ambas investigaciones, en ninguno de los dos casos los suicidas eran o fueron casados ni padecían esquizofrenias o mal mental alguno. Lo único que tenían en común era que todo el tiempo eran hombres rudos, serios, de borracheras cortas, amistades activas pero poco afectivas y comprometidos con su trabajo. Estos hombres carentes de emociones tenían el síndrome del hombre de hojalata. Al parecer resumieron su vida con pocas palabras en una pequeña hoja de papel.