En la década de los sesentas, cientos de jóvenes idealistas, líderes en universidades y organizaciones estudiantiles, soñaban con cambiar las cosas a través del activismo radical. Uno de ellos, Kent M. Keith, entonces estudiante en Harvard, defendía otra postura, anhelaba una ruta diferente.
Para él, por loco que a veces pareciera el mundo, cada individuo podía actuar correctamente y contribuir a mejorarlo, tenía en sus manos el poder de influir positivamente en él. Entonces decidió escribir un manifiesto basado en diez mandamientos paradójicos que, con el paso de los años, han sido adoptados por personas de toda índole y condición, entre ellas la madre Teresa de Calcuta.
Por mucho tiempo se tuvo la idea de que estos "mandamientos paradójicos" eran de la autoría de Madre Teresa, precisamente porque los tenía escritos en una de las paredes de su celda. Estos principios atemporales constituyen un credo moderno para alcanzar, como afirma Spencer Johnson en el prólogo, «una vida llena de sentido personal. Ésa que realmente vale la pena vivir.
«Las personas son irrazonables, inconsecuentes y egoístas; perdónalas de todos modos. Si eres bondadoso, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas; sé bondadoso de todos modos. Si tienes éxito, te ganarás amigos falsos y enemigos verdaderos, ten éxito de todos modos. Si eres franco y sincero, la gente puede engañarte; sé franco y sincero de todos modos. Lo que te cuesta años construir, alguien podría destruirlo en una noche; construye de todos modos. Si encuentras sosiego y felicidad, podrían envidiarte; sé feliz de todos modos. El bien que hagas hoy, muchos lo habrán olvidado mañana; haz el bien de todos modos. Da al mundo lo mejor que tienes, y quizá nunca sea suficiente; da al mundo lo mejor que tienes de todos modos. Ya ves, a fin de cuentas, todo queda entre Dios y tú; nunca fue entre el mundo y tú de todos modos.»
Escribe estas palabras donde puedas verlas a diario, entonces podrás descubrir lo que Jesús, con su muerte y Resurrección, nos demostró.