El pasaje de Nehemías narra un momento crítico en la historia de Israel: la reconstrucción de los muros de Jerusalén. El pueblo, recién regresado del exilio, encontró su ciudad en ruinas, sin protección ante los enemigos. Nehemías, un líder visionario, entendió que antes de restaurar el templo era necesario levantar muros para proteger lo que se edificara. Sin muros, cualquier esfuerzo podía ser destruido fácilmente.
En medio de burlas, amenazas y ataques, Nehemías organizó al pueblo para trabajar con entusiasmo, pero también para defenderse. Colocó a las personas por familias en los puntos más vulnerables, equipados con espadas, lanzas y arcos. Les recordó que la lucha era por sus hermanos, hijos, hijas, esposas y hogares.
La motivación no era abstracta, sino profundamente personal: proteger a la familia y el propósito de Dios para ellos.
Aplicación espiritual: la necesidad de “amurallar” a la familia hoy
Así como Jerusalén estaba expuesta, nuestras familias enfrentan constantes amenazas. No siempre son físicas, sino culturales, emocionales y espirituales. La presión de las redes sociales, las distracciones, el estrés y los mensajes contrarios a los valores bíblicos generan “grietas” que pueden fragmentar lo más valioso que tenemos.
No basta con ser “buenas personas” o asistir a la iglesia. Se requiere intencionalidad para cuidar el entorno que influye en nuestra familia. Proteger el hogar implica establecer límites claros, fortalecer valores y estar atentos a las áreas vulnerables.
Cinco áreas que debemos amurallar:
1: Lo que consumimos: El contenido que entra a través de películas, música, redes sociales y entretenimiento moldea la cosmovisión y los deseos. Ejemplos incluyen series con alto contenido sexual, programas que normalizan conductas contrarias a la Palabra de Dios o caricaturas que influyen en la mente de los niños. Las redes sociales pueden distorsionar la definición de éxito, alimentar la comparación y generar vacíos emocionales. Como familias, es vital conversar sobre lo que se consume, establecer reglas y decidir qué no se permitirá ver o escuchar.
2: Lo que publicamos: No solo se abren puertas espirituales a través de lo que consumimos, sino también por lo que mostramos al mundo. Muchas veces, la motivación detrás de las publicaciones responde a patrones de atractivo sexual, materialismo o comodidad superficial. Fotografías sensuales pueden fomentar el deseo inapropiado en otros y abrir grietas en el matrimonio. Las publicaciones materialistas alimentan la necesidad de aparentar. Es importante que la familia esté de acuerdo sobre qué tipo de imágenes o contenidos se harán públicos, recordando que la exposición en redes puede atraer riesgos.
3. Las relaciones: Es crucial saber quiénes son los amigos de nuestros hijos y supervisar las interacciones con personas del sexo opuesto. La prudencia dicta evitar situaciones que puedan interpretarse mal o generar tentaciones. En el caso de matrimonios, se recomienda relacionarse con otras parejas y evitar estar a solas con personas del sexo opuesto que no sean la pareja. Los padres deben guiar a sus hijos en elegir amistades que les edifiquen y protejan.
4. Dónde vamos (sobre todo solos): La vulnerabilidad aumenta cuando se está solo. Es necesario vigilar con quién pasan tiempo los hijos cuando no están bajo supervisión, así como los lugares que frecuentan. También se debe prestar atención a las salidas individuales de los cónyuges, procurando transparencia y seguridad. Esto no implica control tóxico, sino prevención sabia.
5. Lo espiritual: El área más importante es la protección espiritual a través de la oración. No se puede controlar todo, pero sí interceder por todo. Los muros espirituales se levantan al orar constantemente por la familia, confiar en el Espíritu Santo y enseñar la dependencia de Dios. Esto crea un “invernadero espiritual” donde los propósitos divinos pueden desarrollarse sin ser ahogados por el ambiente hostil exterior.
Para que la muralla sea efectiva, debe haber un acuerdo familiar en cuanto a:
Lo que consumimos
Lo que publicamos
Las relaciones que mantenemos
Los lugares que visitamos solos
La vida de oración que sostenemos
Estos acuerdos no son para controlar de forma tóxica, sino para establecer límites saludables y conversaciones profundas sobre lo que se quiere proteger.
Nehemías animó al pueblo diciendo: “¡No les tengan miedo! Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y peleen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, y por sus esposas y sus hogares” (Nehemías 4:14). Esta exhortación sigue vigente: no debemos temer a las amenazas del enemigo, sino recordar quién es nuestro Dios y luchar por nuestra familia con firmeza y fe.
Amurallar la familia es un proceso que requiere esfuerzo y constancia, pero produce un ambiente donde los propósitos de Dios pueden florecer. El enemigo teme el potencial de una familia protegida, unida y enfocada en cumplir su misión divina. Por eso busca atacar, dividir y debilitar.
Cuando levantamos muros —físicos, emocionales y espirituales— creamos un entorno seguro donde los miembros de la familia pueden crecer en amor, fe y propósito. La intención no es aislarlos del mundo, sino protegerlos de aquello que puede destruirlos, al tiempo que se les equipa para ser luz en medio de la oscuridad.
El llamado de Nehemías nos recuerda que debemos estar alerta, trabajar unidos y no bajar la guardia. La batalla por la familia es real, y la victoria dependerá de nuestra disposición a construir y defender los muros que resguardan lo que más amamos.