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Vivimos en la era de la distracción, donde las redes sociales, las notificaciones y la tecnología han dañado nuestra capacidad de atención. Nos cuesta escuchar verdaderamente a los demás y, aún más, poner atención a la voz de Dios. En la historia de Abraham, encontramos un modelo de vida profética basado en tres elementos clave: estar atentos a Dios, obedecer su voz y poner atención a las personas. 

Ser profético es: Poner atención para escuchar la voz de Dios

En Génesis 22:1-2, Dios prueba a Abraham llamándolo por su nombre, y él responde: «Aquí estoy». Esta frase en hebreo (hin∙nē(h)) significa más que disponibilidad; representa atención total. Abraham está dispuesto a escuchar y responder. 

Dios siempre usa "ganchos" para captar nuestra atención: una conversación, un evento inesperado o una impresión en el corazón. Si no prestamos atención, podemos perder la oportunidad de escuchar su voz. Como con Abraham, Samuel, Moisés y Elías, Dios habla de maneras sutiles, esperando nuestra respuesta. 

La neurociencia explica que la atención filtra lo que percibimos, lo que significa que si estamos distraídos, podríamos estar ignorando la voz de Dios sin darnos cuenta. 

Ser profético es: Poner atención para obedecer a Dios

Dios le da a Abraham una instrucción difícil: sacrificar a su hijo Isaac. Sin cuestionar, Abraham se levanta temprano y obedece. La verdadera fe no solo escucha, sino que responde con acción. 

En la cultura de Abraham, los sacrificios de niños eran una práctica común entre los dioses paganos. Sin embargo, Dios demuestra que Él no es como esos dioses. Lo sorprendente no es que Dios pidiera el sacrificio, sino que al final no permitió que Isaac muriera. 

Abraham confía en Dios, creyendo que Él proveerá, como se ve en su respuesta a Isaac: «Dios proveerá para Sí el cordero». Su fe es reconocida en Hebreos 11:19, donde se menciona que Abraham creyó que Dios era capaz de resucitar a Isaac. 

Ser profético es: Poner atención a las personas

Abraham no solo escucha a Dios, sino que también presta atención a su hijo. Cuando Isaac lo llama, Abraham responde: «Aquí estoy, hijo mío». La misma disposición que tiene para con Dios la tiene para su familia. 

Hoy, muchas personas están tan distraídas que ignoran a quienes tienen cerca. Los padres absortos en sus teléfonos mientras sus hijos buscan su atención son un claro ejemplo de este problema. Poner atención a las personas es una muestra de amor y obediencia a Dios. 

Ser profético es: Nunca dejar de prestar atención

Cuando Abraham está a punto de sacrificar a Isaac, Dios le cambia la instrucción. Si Abraham hubiera dejado de escuchar, habría matado la promesa de Dios. 

Dios muchas veces nos da una instrucción inicial y luego la cambia. Si no seguimos atentos, podríamos actuar en base a lo que escuchamos antes, pero perder la dirección actual de Dios. Mantenernos atentos a Su voz nos permite caminar en Sus promesas. 

Jesús en la historia de Abraham

La historia de Abraham e Isaac apunta a Jesús. Así como Isaac era el hijo amado, Jesús es el Hijo de Dios. Isaac cargó la leña del sacrificio, así como Jesús llevó la cruz. Pero al final, Dios proveyó un cordero en lugar de Isaac, mostrando que el verdadero sacrificio sustitutorio sería Cristo en la cruz. 

1 Samuel 15:22 nos recuerda que obedecer a la voz de Dios es más valioso que cualquier sacrificio. La vida de Abraham nos enseña que una vida profética se basa en estar atentos a Dios, escuchar Su voz y obedecer. 

Dios nos habla de muchas formas. Mantente expectante, escucha con atención y responde con fe. ¡Que siempre podamos decir: «Aquí estoy»!