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"Co-Misión" —también interpretada como "misión compartida"— parte de la reflexión sobre el llamado de Dios a colaborar activamente en su propósito evangelístico, recordando que no lo hacemos solos, sino en comunión con Él. El término se descompone etimológicamente en dos partes: "co-" (con, en conjunto) y "misión" (envío, propósito), enfatizando que toda obra que realizamos para Dios está enmarcada dentro de una alianza activa con Él.

El fundamento del mensaje se halla en el relato del encuentro entre Felipe y el eunuco etíope en Hechos 8. En este pasaje, un ángel del Señor instruye a Felipe para que tome un camino desértico, donde se encuentra con un alto funcionario de Etiopía que regresaba de adorar en Jerusalén. Este hombre, lector del profeta Isaías, no comprendía lo que leía, y Felipe, guiado por el Espíritu Santo, se acerca para explicarle las Escrituras y anunciarle el mensaje de Jesús. Luego de recibir la enseñanza, el eunuco es bautizado y continúa su camino con alegría, mientras Felipe es llevado por el Espíritu a otro lugar.

Este episodio revela múltiples capas de significado respecto a la naturaleza de la misión cristiana, especialmente el hecho de que Dios no sólo llama, sino que prepara el camino, guía y obra junto con nosotros.

Jesús, al enviar a sus discípulos a predicar el evangelio, les aseguró: “Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. Esta promesa reafirma que toda acción evangelística es una co-misión, donde la presencia constante de Cristo brinda ánimo, respaldo y dirección.

Además, se destaca la responsabilidad del creyente de identificar cómo su entorno puede ser impactado. Por ejemplo, a través del testimonio dentro del trabajo, recordando que nuestros empleados no solo merecen un salario, sino también que sus vidas mejoren como resultado de trabajar con nosotros. Cada persona puede preguntarse: ¿Con quién quiere Dios que yo comparta de Él?

Felipe recibe una instrucción clara de parte de Dios para dirigirse a un camino específico. Esto resalta que Dios es quien toma la iniciativa en la misión. Él pone personas en nuestro camino y toca nuestras vidas para actuar. La misión no depende sólo de nuestra capacidad o deseo, sino de la guía soberana del Señor.

Ningún caso es demasiado difícil para Dios. Personas que parecen inalcanzables o poco interesadas pueden estar listas para recibir el evangelio.

El Espíritu Santo guía directamente a Felipe: “Acércate y júntate a ese carro”. Felipe actúa con prontitud y se integra en la situación con sensibilidad, comenzando con una simple pregunta. El eunuco, por su parte, manifiesta apertura y deseo de entender.

Este pasaje enseña que no estamos solos al compartir el mensaje de Jesús. El Espíritu Santo guía, impulsa y abre las puertas para la conversación. Solo hace falta una disposición obediente y atenta.

El eunuco, conmovido por el texto de Isaías que hablaba del Mesías sufriente, pregunta a Felipe sobre su significado. Felipe, comenzando desde ese punto, le presenta a Jesús. Este es un principio esencial: Dios ya está obrando en las personas antes de que nosotros lleguemos. Nuestra tarea es simplemente unirnos a esa obra.

El relato concluye con el bautismo inmediato del eunuco, y su regreso gozoso a su país. Felipe, mientras tanto, es trasladado por el Espíritu a otro lugar, lo cual resalta que la misión no depende de permanecer, sino de **ser obedientes en cada encuentro que Dios dispone**.

En suma, la "co-misión" no se trata de una tarea solitaria o forzada. Es una colaboración dinámica con Dios, donde Él llama, guía, provee y transforma. Nuestra parte es escuchar, obedecer y actuar con fe. Como Felipe, estamos invitados a ver más allá de las apariencias, confiando en que la obra de Dios ya está en marcha.