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El mensaje central es la importancia de confiar en Dios sin caer en la confianza excesiva en uno mismo o en las circunstancias. La confianza en Dios debe ser personal, constante y fortalecida a través de una relación con Él.

La confianza en Dios debe ser personal. No se debe depender únicamente de la fe de otros para fortalecer la relación con Él. Se nos invita a desarrollar nuestra propia confianza mediante la oración y la búsqueda constante de Dios. Si nuestra confianza depende de circunstancias o personas externas, se puede ver afectada cuando enfrentamos dificultades. Jeremías 17:7-8 nos recuerda que quien confía en Dios es como un árbol junto al agua, fuerte y siempre fructífero.

La confianza en Dios debe cultivarse diariamente. Se compara con una relación de noviazgo: el compromiso y la dedicación son esenciales para su crecimiento. Así como una relación puede deteriorarse por falta de atención, la confianza en Dios también se debilita cuando nos alejamos de Él. Jeremías 17:9 nos advierte que el corazón humano puede ser engañoso, por lo que es fundamental apoyarse en Dios y no solo en la propia inteligencia (Proverbios 3:5). La mejor manera de fortalecer la confianza en Dios es deleitarse en Su palabra y meditar en ella, como se menciona en Salmos 1:1-3.

La confianza nos permite recibir corrección y sabiduría, tanto de Dios como de personas sabias. Jeremías 17:10 enfatiza que Dios examina los corazones y recompensa a cada uno según sus acciones. La perseverancia en la fe trae una gran recompensa, como lo afirma Hebreos 10:35-38: la confianza en Dios no debe decaer, especialmente en tiempos difíciles. Pedro 1:9 añade que la mayor recompensa por confiar en Dios es la salvación.

Cada creyente debe cuidar y trabajar en su confianza en Dios para que el enemigo no afecte su autoestima, emociones o sentido de propósito. Es clave declarar lo bueno que Dios ha sido y compartir Su obra con otros. Mantenerse alerta evita la autoconfianza excesiva y refuerza la verdadera confianza en Dios.