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En el pasaje de Josué 1:1-9, se presenta la transición del liderazgo de Moisés a Josué, destacando el llamado de Dios para que éste guíe al pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida. Este momento marca un punto decisivo, donde una nueva generación debe levantarse para conquistar lo que Dios ya les ha prometido. Sin embargo, estas promesas no se reciben pasivamente: deben ser conquistadas mediante la fe activa y obediente.

La generación anterior, la que salió de Egipto, murió en el desierto debido a su falta de fe, rebeldía y actitud negativa. Solo Josué y Caleb permanecieron fieles. Esta nueva etapa representa no solo una nueva oportunidad, sino también un nuevo perfil de liderazgo. Por eso, Dios le da a Josué una serie de instrucciones y promesas, formando lo que se describe como “el perfil del conquistador”.

1. Fe

La fe es la primera característica de un conquistador. Dios le promete a Josué que donde pongan sus pies, les dará la tierra. Sin embargo, Josué no recibe armas, estrategias militares ni recursos humanos extraordinarios. Solo recibe una promesa: la Palabra de Dios. Esta será su mayor herramienta.

La fe que Dios demanda es aquella que se activa aun sin ver resultados. Josué y el pueblo debieron poner el pie en el río Jordán antes de que éste se abriera. Este acto demuestra que muchas veces las promesas de Dios están bloqueadas hasta que damos el primer paso de fe. La fe verdadera se manifiesta cuando decimos: “Tu Palabra es suficiente”, incluso sin ver nada tangible. Así, lo invisible se transforma en visible por medio de la confianza en Dios.

2. Buena actitud

La actitud del conquistador también es fundamental. En los versículos 6 al 9, Dios le ordena a Josué que sea fuerte, valiente, obediente, y que no se desanime. La actitud refleja la fe que uno tiene: una persona sin fe tendrá una actitud negativa, mientras que alguien con fe irradiará esperanza y determinación.

2.1 Esfuerzo

Dios le dice: “Esfuérzate y sé valiente”. La fe implica acción. Aunque hay momentos en que Dios obra de manera sobrenatural, usualmente espera que hagamos todo lo que está a nuestro alcance. La fe no es pasividad, es cooperación con Dios. Por ejemplo, no podemos esperar respuestas económicas, profesionales o ministeriales sin poner esfuerzo y dedicación.

2.2 Valentía

Josué debía ser valiente porque los desafíos serían grandes. El temor es natural ante retos enormes, pero el recordatorio constante es que Dios está con nosotros. La valentía no es ausencia de miedo, sino la decisión de avanzar confiando en que Dios está al lado nuestro.

2.3 Honra a los líderes

A pesar de la muerte de Moisés, Dios manda a Josué a seguir sus instrucciones. Josué fue un hombre que honró el legado de su líder y esa actitud lo posicionó para heredar la responsabilidad del liderazgo. La honra abre puertas y es una actitud clave para la conquista.

2.4 Perseverancia

El desánimo es uno de los grandes enemigos de la conquista. Muchas promesas requieren tiempo, esfuerzo y persistencia. El conquistador no se rinde. Entiende que todo lo grande toma tiempo, y que Dios trabaja en la espera. Pasar tiempo con Dios ayuda a mantener una actitud correcta en medio del proceso.

3. Sabiduría

Otra característica esencial del conquistador es la sabiduría, que se adquiere al meditar y obedecer la Palabra de Dios. La Biblia no es solo una colección de mandamientos, sino una expresión de la sabiduría divina que nos guía a la vida plena.

Jesús nos invita a obedecer no como esclavos, sino como amigos que entienden el corazón del Padre. Cuando comprendemos que los mandatos de Dios son para nuestro bien, cambia nuestra percepción: ya no lo vemos como un tirano, sino como un Padre amoroso. La sabiduría transforma nuestras decisiones, fortalece nuestras relaciones y nos lleva a la prosperidad verdadera. Es más efectiva que cualquier milagro puntual, porque crea un estilo de vida bendecido y constante.

4. Obediencia

La obediencia es el resultado natural de vivir en fe, con buena actitud y sabiduría. Es la expresión concreta de un corazón transformado. Josué debía estudiar, meditar y obedecer la Palabra para que todo le saliera bien. La obediencia no nace del legalismo, sino del amor, la confianza y la relación con Dios.

Para desarrollar este perfil de conquistador, se sugiere cultivar cuatro áreas:

- Fe: Escuchar y declarar las promesas de Dios.

- Actitud Pasar tiempo con el Espíritu Santo, quien forma el carácter correcto.

- Sabiduría: Leer y meditar la Palabra de Dios.

- Obediencia: Vivir conforme a los principios divinos como fruto de las tres áreas anteriores.

Dios está llamando a una generación que conquiste Sus promesas, no solo con oraciones, sino con acciones fundamentadas en la fe, la actitud correcta, la sabiduría y la obediencia. Esta es la generación que entrará en la plenitud de lo que Dios ha prometido.