El relato de Josué 6:1-5 nos muestra la estrategia divina para conquistar Jericó, ciudad con muros impenetrables. Dios entregó la ciudad a los israelitas, pero ellos debían obedecer sus instrucciones para ver la victoria. En esta historia, los muros simbolizan los obstáculos que impiden a las personas alcanzar las promesas de Dios, como problemas financieros, enfermedades o conflictos personales.
Cada promesa de Dios debe conquistarse, lo que implica una mentalidad de lucha y perseverancia. Si no se enfrentan los muros, estos seguirán impidiendo el avance espiritual y personal. Aprender a derribarlos es clave para tomar posesión de lo que Dios ha preparado.
Dios Asegura la Victoria Antes de la Batalla (Josué 6:1-2) Aunque Jericó estaba cerrada por miedo a los israelitas, Dios ya había decretado su caída. Sin embargo, esto no significaba que los israelitas no debían actuar. La promesa de victoria no exime del esfuerzo, sino que sirve de ancla en tiempos difíciles. Si no es una promesa de Dios, la victoria no está garantizada.
Buscar la Estrategia de Dios (Josué 6:3-5) Dios reveló un plan inusual: marchar alrededor de la ciudad durante seis días y, el séptimo día, dar siete vueltas, tocar los cuernos y gritar. Aunque ilógico desde una perspectiva humana, era el camino hacia la victoria. Josué no solo confió en la promesa, sino que también siguió las instrucciones divinas al pie de la letra. Esto enseña que la estrategia de Dios no siempre tiene sentido para la lógica humana, pero es la única efectiva.
Obedecer la Instrucción de Dios No basta con conocer la estrategia; es necesario cumplirla sin alteraciones. Si Dios da una orden, modificarla puede resultar en la pérdida de la bendición. La obediencia exacta a sus mandatos es clave para derribar los muros.
Mantener la Fe Aunque No Se Vea Nada (Josué 6:12-16, 20) Los israelitas marcharon durante seis días sin ver ningún cambio en los muros. Humanamente, hubiera sido más alentador si cada día caía una parte, pero Dios esperaba hasta el final para manifestar su poder. La lección es clara: la perseverancia en la fe y la obediencia trae resultados milagrosos. Si los israelitas hubieran abandonado en la quinta o sexta vuelta, la victoria no habría llegado. La persistencia es clave en el cumplimiento de las promesas de Dios.
Quienes han seguido estos principios han visto cómo los muros en sus vidas han caído. Tomar posesión de las promesas de Dios requiere fe, obediencia y perseverancia. Al final, los resultados demostrarán que Dios es fiel para cumplir su palabra.