Jesús, a pesar de su creciente popularidad y las múltiples demandas de la gente, mantenía el hábito de retirarse a orar. Esto nos enseña que la vida espiritual no se sostiene con buenas intenciones, sino con hábitos y disciplinas constantes.
La mayoría de las metas de Año Nuevo fracasan porque carecen de hábitos que las respalden. Como dice James Clear en Hábitos Atómicos: "Tú no subes al nivel de tus metas; caes al nivel de tus sistemas." El crecimiento espiritual no ocurre solo por deseo, sino por hábitos constantes, como lo hizo Jesús. Muchos creyentes enfrentan dificultades, pero no practican disciplinas como la oración y la lectura bíblica, lo que impide su crecimiento.
Jesús no tenía planes estructurados para todo, sino que vivía conectado al Padre a través de hábitos diarios. La frase clave "con frecuencia" en Lucas 5:16 indica un hábito de oración. La vida cristiana no se trata de planificar cada detalle, sino de crear hábitos que nos mantengan conectados a Dios.
Uno de los principales obstáculos para desarrollar hábitos espirituales es la falta de tiempo. Sin embargo, Jesús, a pesar de su apretada agenda, encontraba momentos para estar con el Padre. Para desarrollar el hábito de buscar a Dios, es necesario eliminar distracciones, establecer un lugar y horario fijo y proteger ese tiempo como algo vital.
Los milagros nacen en medio de la fidelidad a hábitos ordinarios. La oración diaria no siempre traerá experiencias sobrenaturales, pero cuando lleguen los momentos difíciles, estaremos preparados espiritualmente.