“Espíritu Santo, Revélame” se centra en la importancia de la revelación divina a través del Espíritu Santo como medio para conocer y vivir conforme a la voluntad de Dios. A partir de 1 Corintios 2:8-14, se establece que la sabiduría de Dios no puede ser comprendida por medios humanos. Esta sabiduría, escondida desde tiempos eternos, ha sido revelada a los creyentes por medio del Espíritu, quien escudriña incluso las profundidades de Dios. Así como solo el espíritu de un hombre conoce lo que hay en él, solo el Espíritu de Dios puede revelar lo que hay en el corazón del Padre.
El apóstol Pablo, escribiendo a los corintios, subraya que su mensaje no se basó en elocuencia ni en sabiduría humana, sino en la revelación del Espíritu. Este contraste entre la sabiduría humana y la divina es central: la primera se basa en lo visible y racional, mientras que la segunda se recibe por medio de la revelación espiritual. El hombre natural no puede entender las cosas del Espíritu; las considera necedad porque no tiene la capacidad espiritual para discernirlas.
En términos prácticos, este pasaje se relaciona con las dificultades que muchas personas experimentan al intentar entender la Biblia o al participar en ambientes donde el Espíritu Santo tiene libertad de actuar. Esta incomprensión se debe a que no han recibido la ayuda del Espíritu. Solo cuando se recibe esta ayuda, el creyente puede vivir más allá de su entendimiento humano y caminar bajo una revelación continua y fresca.
No todos recibirán la misma revelación, pero todos los creyentes están llamados a buscarla activamente. Tener una revelación del Espíritu trae como resultado claridad en tres áreas claves: propósito, enfoque y conocimiento de Jesús.
Simeón en Lucas 2:25-32, quien, lleno del Espíritu, fue guiado al templo en el momento exacto en que María y José presentaban a Jesús. Gracias a esta revelación divina, Simeón pudo ver al Mesías antes de morir, cumpliendo así un propósito eterno. El ejemplo enseña que una vida bajo revelación nos posiciona en el lugar correcto, en el tiempo correcto, y nos conecta con un plan mayor que el que podemos percibir con nuestros ojos.
Tener el enfoque correcto implica ver con los ojos del Espíritu y mantener la mirada en lo que realmente importa para el Reino. Se necesita un corazón humilde, como el de un niño, para recibir lo que Dios desea mostrar.
Jesús afirma que esta revelación no provino de ningún ser humano, sino directamente del Padre. Esto enfatiza que, aunque caminemos con Jesús, solo el Espíritu puede revelarnos verdaderamente quién es Él.
Es indispensable que el Espíritu Santo nos revele a Jesús, y que, por medio de esa revelación, podamos conocer el corazón del Padre. Esta experiencia transformadora nos permite ser mejores cristianos y desempeñar nuestros roles —como padres, esposos, líderes o empleados— desde una vida guiada por el Espíritu.
Caminar bajo revelación no es solo un privilegio, sino una necesidad para vivir en el propósito de Dios.