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El llamado de Dios a nuestras vidas no significa una realización inmediata del propósito. Más bien, es el comienzo de un proceso formativo en el que Dios moldea el carácter, afina los dones y nos prepara para la tarea que nos ha encomendado. Este principio se ejemplifica en la historia del ungimiento de David como rey, narrada en 1 Samuel 16. Aunque David fue elegido por Dios y ungido por el profeta Samuel, no fue coronado de inmediato. Antes, debió pasar por distintas etapas que forjaron su vida, comparables al proceso de hacer pan: amasar, leudar, hornear y esperar el tiempo justo.

1. Amasado en lo secreto: Dios trabaja primero en el carácter

El primer paso en la formación de un pan es el amasado, un proceso que requiere firmeza y constancia. En la vida de David, esto se refleja cuando, luego de ser ungido, regresa al anonimato del campo a cuidar ovejas. No fue enviado al trono, sino de nuevo al lugar común, donde nadie lo veía, pero donde Dios ya estaba trabajando profundamente en su corazón.

El texto de 1 Samuel 16:13 nos dice que desde el día de su unción, el Espíritu del Señor vino con poder sobre David. Sin embargo, eso no cambió de inmediato sus circunstancias externas. Esto demuestra que la unción no reemplaza la formación del carácter. Tal como afirma el Salmo 78:70-72, David fue tomado del redil y pastoreó conforme a la integridad de su corazón. Esa integridad no se forma en público, sino en lo secreto, en la cotidianidad, donde nadie aplaude y nadie ve.

Si estás en una temporada donde parece que nada ocurre visiblemente, recuerda que lo que haces en lo oculto tiene gran valor delante de Dios. Él te está amasando para hacerte firme y confiable.

2. Leudado con paciencia: Dios desarrolla los dones y habilidades

Luego del amasado, el pan necesita tiempo para crecer, para que la levadura haga su trabajo. Hay levaduras rápidas, como las que se usan en el pan comercial, y otras más lentas y naturales, como la masa madre. Esta última conserva más nutrientes, pero requiere paciencia. En la vida espiritual, esto simboliza el tiempo que Dios toma para desarrollar en nosotros no solo talento, sino dependencia, profundidad y madurez.

David, aún en el campo, desarrollaba habilidades que luego serían clave para su ministerio: aprendió a proteger, a luchar, a confiar. En 1 Samuel 17:34–37 relata cómo enfrentaba osos y leones, y cómo Dios lo libraba. Ese lugar de anonimato no fue castigo, fue entrenamiento.

Muchos hoy confunden carisma con unción o talento con favor divino. Pero si los dones crecen sin el proceso adecuado, lo que ofrecen puede “inflar” sin alimentar.

No corras tras la fama ni busques resultados instantáneos. Permite que Dios te forme con paciencia, para que tu vida sea nutritiva para otros.

Un líder que no ha pasado por el proceso de Dios puede llenar, pero no nutrir. Solo lo que ha sido formado lentamente puede sostener a otros.

Pasado por el horno: las pruebas que purifican el llamado

La siguiente etapa es el horno. Es el momento más intenso, donde el calor revela la consistencia del pan. En la vida de David, esta etapa fue la persecución de Saúl. Aunque era el ungido de Dios, fue perseguido, traicionado y vivió en cuevas por años.

Los capítulos de 1 Samuel 19 al 26 muestran cómo David tuvo múltiples oportunidades de tomar el trono por la fuerza, pero eligió esperar en Dios. Es en estas temporadas que se prueba si el llamado es auténtico o si es solo una emoción pasajera.

Las pruebas no llegan para destruirte, sino para afirmar lo que Dios ha depositado en ti. Tus relaciones, tu paciencia, tus finanzas, todo puede ser parte del horno que Dios usa para madurar tu fe.

Las pruebas no matan, purifican. Son necesarias para remover todo lo que, si no es tratado, puede dañar a otros a través de ti.

4. Esperar el tiempo perfecto: Dios sabe cuándo estás listo

Un pan sacado antes de tiempo queda crudo; si se deja demasiado, se quema. De igual manera, avanzar fuera del tiempo de Dios puede arruinar lo que Él está formando. David tuvo varias oportunidades de acelerar su camino al trono, como en 1 Samuel 24:10, cuando tuvo en sus manos la vida de Saúl. Pero no tomó atajos. Sabía que la unción no equivale a asignación inmediata.

A los 30 años fue coronado rey (2 Samuel 5:3-4), muchos años después de haber sido ungido. Su ejemplo nos recuerda que no solo importa llegar, sino llegar maduros, con carácter, integridad y humildad.

No imites el camino de otros ni te desesperes por resultados visibles. Dios abrirá la puerta correcta en el tiempo perfecto. Tu tarea es ser fiel en el proceso. La unción no basta; el llamado necesita horno.

La historia de David enseña que el llamado de Dios no es un destino inmediato, sino una jornada de formación profunda. Dios no busca “panes crudos”, personas sin carácter o líderes inflados por el ego. Él quiere formar siervos firmes, padres fieles, jóvenes maduros, ministros humildes. La unción es solo el inicio. El horno es lo que nos hace útiles.

No te salgas del horno antes de tiempo. No busques ser visto, busca ser formado. Dios está preparando algo en ti que será de bendición para muchos.