El pasaje de Juan 1:10-13 describe cómo Jesús, la luz del mundo, vino a su creación, pero no fue reconocido ni recibido por muchos. Sin embargo, aquellos que lo aceptaron recibieron el derecho de ser hijos de Dios, no por linaje humano, sino por un nuevo nacimiento en Él.
Jesús vino a un mundo perdido en la oscuridad, y Juan el Bautista preparó el camino para que fuera reconocido. Israel, elegido por Dios para darlo a conocer, fracasó repetidamente debido al pecado. En el tiempo de Jesús, los maestros de la ley estaban espiritualmente perdidos.
La palabra "derecho" implica autoridad, potestad y capacidad. Ser hijos de Dios otorga acceso a la plenitud de su provisión y poder, como se refleja en milagros como la multiplicación de panes y peces.
Muchos cristianos no viven su potencial en Dios. Es importante reflexionar sobre qué porcentaje de nuestra capacidad espiritual estamos usando.
Juan 3:1-8 muestra a Nicodemo buscando respuestas sobre el nuevo nacimiento. Jesús explica que solo aquellos que nacen del Espíritu pueden entrar en el reino de Dios.
La mayor limitante no es Satanás, sino nuestro propio corazón. La Biblia enfatiza la importancia de un corazón limpio y obediente para vivir conforme a la voluntad de Dios.
Debemos acercarnos a Jesús para vivir en plenitud como hijos de Dios.