Este estudio exegético se centra en Mateo 21, especialmente en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y su conexión con el Salmo 118, que clama “¡Sálvanos ahora!” (Hossana). El análisis expone cómo este momento marca un punto crucial en la misión de Jesús, en contraste con las expectativas del pueblo y las reacciones de la élite religiosa.
I. La entrada triunfal de Jesús (Mateo 21:1–11)
La escena se desarrolla en el contexto de la Pascua, cuando Jesús entra en Jerusalén montado en un asna, cumpliendo así la profecía de Zacarías. Jerusalén, el centro del poder religioso y donde Jesús ya había anticipado su crucifixión, se convierte en el escenario de un acto cargado de simbolismo. Mientras las multitudes rurales alaban a Jesús como el “Hijo de David”, la ciudad se agita, reflejando una tensión espiritual y política. Este contraste recuerda la reacción de Herodes al oír del nacimiento del Mesías.
La multitud —peregrinos de áreas rurales— canta el Salmo 118, un himno pascual que celebra la victoria de Dios. Sin embargo, no todos lo cantan dirigiéndose a Jesús. Aunque “Hossana” significa “¡sálvanos ahora!”, no todos los presentes reconocen a Jesús como el Salvador. Así, Mateo muestra que hay dos respuestas ante Jesús: unos lo alaban, otros se perturban. Jerusalén, como ciudad, no reconoce a Jesús como el Mesías, a pesar de que entra como un profeta, sabiendo que esta ciudad tiene fama de matar a los profetas (Mateo 23:37).
II. Jesús limpia el templo (Mateo 21:12–17)
Jesús no va primero contra los romanos, sino contra los líderes religiosos, comenzando con una confrontación directa en el templo. Expulsa a los comerciantes, citando Isaías 56 y Jeremías 7: “Mi casa será llamada casa de oración... pero ustedes la han hecho cueva de ladrones”. Su enojo no se debe solamente a prácticas económicas corruptas, sino a la exclusión de los marginados del acceso a la adoración. Isaías 56 aclara que la casa de Dios debe ser para todos los pueblos, incluidos extranjeros y eunucos.
La denuncia profética de Jeremías también se dirige a un pueblo que ha confiado en el templo como garantía de salvación mientras viven en injusticia. En el mismo espíritu, Jesús acusa a los líderes religiosos de hipocresía, aludiendo a su servicio a “Mamón” (dinero, estatus, poder) y su rechazo de la verdadera voluntad de Dios.
Después de limpiar el templo, Jesús sana a ciegos y cojos, personas marginadas y tradicionalmente excluidas del templo (2 Samuel 5:8). Así, demuestra que su Reino es inclusivo. Los líderes se indignan, pero Jesús les responde con un “¿nunca leyeron...?”, citando el Salmo 8:2, que habla de la alabanza infantil, evidenciando que los más humildes reconocen su identidad mesiánica.
III. Parábolas y juicio sobre la élite (Mateo 21:33–46)
En la parábola de los labradores malvados, Jesús presenta a Israel como una viña arrendada a líderes corruptos que rechazan y matan a los siervos enviados (los profetas), y finalmente al Hijo del dueño. La élite religiosa comprende que Jesús habla de ellos. Jesús cita nuevamente el Salmo 118: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra angular”. Esta piedra rechazada (Jesús) se convierte en la base del nuevo templo espiritual. Su declaración final provoca la decisión de matarlo.
IV. El significado del Salmo 118
Este salmo resuena en todo el capítulo. Es un canto de victoria, gratitud y salvación. “¡Sálvanos ahora!” no es solo una expresión litúrgica, sino un clamor profundo de un pueblo necesitado. Mateo muestra cómo Jesús responde a esa súplica no con una victoria militar, sino con un Reino de justicia, inclusión y restauración.
El Salmo 118 también menciona que “la piedra que desecharon los edificadores” será exaltada. Esta imagen se une con la predicación de Jesús: Él es esa piedra, rechazada por los poderosos, pero elegida por Dios como fundamento del nuevo pacto.
La entrada triunfal de Jesús no fue un espectáculo político, sino una revelación del Reino de Dios que confronta las estructuras religiosas corruptas y anuncia una salvación real para los marginados. Hossana —“¡sálvanos ahora!”— no es una frase vacía, sino una petición que Jesús cumple de forma inesperada: no conquistando por la fuerza, sino entregándose en amor. Su Reino es para todos, especialmente para los que han sido excluidos. La buena noticia del Reino resulta ser una mala noticia para quienes no están dispuestos a renunciar a su estatus y poder.