Desde el inicio, la Biblia presenta al ser humano como un ser creado para el trabajo. En Génesis 1:26-28 y Génesis 2:15-19, Dios encomienda al hombre la tarea de cultivar y cuidar la tierra, estableciendo el trabajo como parte del diseño original de la humanidad. Sin embargo, en la actualidad, muchas personas ven el trabajo como una carga en lugar de un medio para reflejar la imagen de Dios.
La falta de compromiso con el trabajo es un problema contemporáneo, como lo indica una encuesta de Gallup (2021), donde solo el 36% de los trabajadores en EE.UU. se sienten comprometidos con sus labores.
Este problema también se refleja en la separación entre la vida espiritual y el trabajo. Muchos cristianos creen erróneamente que servir a Dios implica abandonar el trabajo secular, olvidando que el verdadero servicio se encuentra en la manera en que desempeñamos nuestras labores diarias. La Biblia enseña que el trabajo no es una maldición, sino un medio para reflejar la excelencia y creatividad de Dios. La verdadera maldición es el trabajo con sufrimiento y fatiga (Gén. 3:19).
Para entender mejor la relación entre el trabajo y la adoración, podemos analizar tres conceptos clave: cultivo, culto y cultura
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1. Cultivo: Fuimos creados para trabajar
Desde el principio, Dios colocó al hombre en el Edén para que lo cultivara y lo cuidara (Gén. 2:15). El cultivo implica transformar y mejorar el entorno, reflejando la imagen de Dios en la creatividad y el esfuerzo humano.
Justo L. González explica que el cultivo es el inicio de la cultura, pues al trabajar la tierra, el ser humano comienza a organizar y modificar su entorno. La capacidad de trabajar nos permite cambiar nuestra realidad, como se observa en el desarrollo económico global según Bryant Myers.
El trabajo también es una forma de manifestar la confianza en Dios y la capacidad humana de transformar su entorno. La Biblia es clara en que quien no trabaja, no debe comer (2 Tes. 3:10). Dios nos dio el trabajo como una manera de ejercer dominio y desarrollar nuestras habilidades.
2. Culto: Fuimos creados para adorar
El trabajo no solo es un medio de subsistencia, sino una forma de adoración a Dios. La palabra hebrea abad, traducida como "cultivar", también significa "adorar" y "servir". Esto indica que el trabajo, cuando se hace con integridad y excelencia, es una expresión de adoración a Dios.
Sin embargo, el trabajo también conlleva tentaciones. La deshonestidad, la flojera y la corrupción pueden convertirlo en un instrumento del pecado. Dios instruyó a Adán a cuidar el huerto y a mantenerse alejado del mal (Gén. 2:16-17). Para que el trabajo sea una verdadera adoración, debe estar alineado con la santidad y la justicia.
Además, debe respetar las relaciones fundamentales: Dios y la familia (Gén. 2:18). Cuando el trabajo destruye estas relaciones, deja de ser una forma de adoración.
3. Cultura: Fuimos creados para crear y preservar cultura
Dios también dio al hombre la tarea de nombrar a los animales (Gén. 2:19), lo que implica creatividad y organización. La cultura nace cuando el ser humano no solo trabaja, sino que también crea y preserva valores y sistemas que reflejan la voluntad de Dios.
El problema del mundo laboral moderno es que ha sido deformado por el pecado. Sin embargo, los cristianos están llamados a crear una cultura laboral que refleje el Reino de Dios, promoviendo la justicia, la excelencia y la integridad.
La creatividad es un atributo divino y una de las principales maneras en que los seres humanos ejercen su dominio en la tierra. La innovación y la resolución de problemas son manifestaciones de esta creatividad dada por Dios.
Como dice Apocalipsis 4:11, Dios es digno de gloria porque creó todas las cosas, y los seres humanos, hechos a su imagen, también son llamados a crear.
El trabajo debe ser la principal forma en la que los creyentes adoran a Dios y expresan la cultura del Reino de los Cielos en la tierra. Sin embargo, muchos se sienten atrapados en trabajos sin significado, viendo su labor como una obligación en lugar de una oportunidad para reflejar la imagen de Dios.
Jesús vino a restaurar la imagen de Dios en nosotros, devolviéndonos la capacidad de ser creativos y ejercer dominio sobre la creación. La creatividad no es solo para artistas, sino para todos aquellos que encuentran soluciones a los problemas del mundo. Como dice Salmos 128:1-2, aquellos que siguen el camino de Dios disfrutarán del fruto de su trabajo.
La clave está en reconocer que el trabajo es una herramienta para glorificar a Dios, transformar la sociedad y expresar la cultura del Reino de los Cielos. Es momento de recuperar el poder creativo que Dios ha puesto en cada uno de nosotros y redescubrir el gozo del trabajo como una forma de adoración.