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El mensaje "Ven, Espíritu Santo" parte del pasaje de Lucas 4:18-19, en el que Jesús proclama que el Espíritu del Señor está sobre Él para traer libertad, sanidad y buenas noticias a los necesitados. A partir de esto, se plantea una reflexión sobre la diferencia entre la realidad que describe la Biblia y la experiencia actual de muchos creyentes.

El problema planteado es la desconexión entre lo que se proclama en la Biblia y lo que se experimenta en la vida diaria. Se menciona cómo algunos rechazan lo sobrenatural en la Escritura y se argumenta que hay una crisis de falta de experiencia de Dios. Carl Jung define la salud psicológica como la reducción de la brecha entre la autoimagen y la realidad; de manera análoga, la salud espiritual puede definirse como la reducción de la brecha entre la promesa bíblica y la vida cotidiana. El Espíritu Santo es quien cierra esa brecha.

Para vivir en el poder del Espíritu Santo, se necesitan tres ingredientes clave:

1. Relación: Todo comienza con conocer al Espíritu Santo.

2.Unción: No es solo una emoción, sino una consagración.

3.Asignación: La unción del Espíritu tiene un propósito.

Jesús mismo caminó en el poder del Espíritu, pero primero tuvo un encuentro con Él. En Lucas 3:21-22, durante su bautismo, el Espíritu Santo descendió sobre Él antes de que iniciara su ministerio. Jesús fue lleno del Espíritu, guiado al desierto, resistió la tentación y luego regresó en el poder del Espíritu Santo (Lucas 4:1-2, 14). Esto demuestra que el poder del Espíritu es el resultado de una relación con Él.

A.W. Tozer enfatiza que el Espíritu Santo no es una fuerza a utilizar, sino una persona con la que se camina. El poder del Espíritu no viene primero; primero viene la relación con Él.

Lucas 4:18 menciona que Jesús fue ungido para una misión específica. La palabra "ungido" en griego significa ser apartado para un propósito sagrado. No se trata solo de sentir escalofríos en la adoración, sino de ser consagrado para Dios.

En el Antiguo Testamento, los utensilios del templo eran ungidos porque estaban separados para la adoración. De igual manera, Dios unge a las personas para un propósito.

Leonard Ravenhill afirma que "la unción del Espíritu no es para hacerte famoso, sino para hacer a Jesús conocido". La unción trae poder, pero también requiere obediencia y consagración. Ejemplos bíblicos como el de Saúl muestran que la desobediencia puede llevar a perder la unción del Espíritu.

Jesús fue ungido para predicar, liberar cautivos, sanar y proclamar el favor de Dios. Cada creyente también recibe una asignación específica. En la Biblia, hay múltiples ejemplos de asignaciones particulares:

-José fue ungido para administrar y gobernar (Génesis 41:38).

-Bezalel fue ungido para el arte y la artesanía (Éxodo 31:1-5).

-Moisés fue ungido para liderar (Números 11:25).

-David fue ungido para ser rey, profeta y guerrero (1 Samuel 16:13).

Esto demuestra que la unción del Espíritu Santo no solo es para funciones religiosas, sino también para actividades cotidianas. Sin embargo, los talentos naturales no son lo mismo que la unción. La unción del Espíritu permite operar más allá de las propias capacidades. Como se menciona en el caso de músicos de alabanza, su talento natural es solo la base, pero la unción es lo que permite transformar vidas a través de la música.

En Juan 16:5-7, Jesús dice a sus discípulos que es mejor que Él se vaya para que venga el Espíritu Santo. Sin embargo, muchos creyentes hoy parecen no creer en esta promesa. Jesús afirmó que la presencia del Espíritu Santo en sus vidas es una realidad superior a su presencia física en la tierra.

Si no estamos disfrutando de esta realidad es porque, en gran medida, ignoramos al Espíritu Santo. La invitación final es clamar: "Ven, Espíritu Santo", anhelando su presencia en nuestra vida diaria.