Cuando reclamamos el derecho al descanso, al placer y a un proyecto propio, no solo mejora la vida sexual, también se recoloca la sensación de que tu vida se recoloca
Hola, soy Nagora y esto es Microfeminismos. Una amiga me pasó el Twitter de una mujer que se autodenomina la madre añosa, donde preguntaba si era ella la única que nunca tenía ganas de sexo, en la que obtuvo un 70% de respuestas afirmativas por parte de otras mujeres. Al final, en muchas mujeres la falta de sexo no es la causa única de su malestar, sino el síntoma visible de una vida sobrecargada y poco acompañada. Llegas a casa agotada, sin espacio mental ni físico para el deseo, y empiezas a vivir tu cuerpo más como herramienta de servicio que como fuente de placer. Además, en una etapa entre los 40 y los 50 años se viven cambios hormonales como la peni-menopausia, además del cansacio acumulado, hijos mayores que siguen necesitando y padres y madres a los que hay que empezar a cuidar, con una sensación difusa de que al final tu vida ya se quedó en pausa. Lo que me llamamos falta de sexo es muchas veces la expresión íntima de una injusticia cotidiana. Una mujer que cuida a todos y casi nadie la cuida a ella.