En el segundo episodio de Buenos, feos y malos, nos quedamos con los buenos. Y es que tras repasar la caída de Lance Armstrong, una de las más acusadas de la historia del deporte, esta vez nos quedamos con una historia mucho más positiva. Un éxito, el de una de las competiciones más entretenidas que uno se puede encontrar en el panorama deportivo. Hablamos de la Ryder Cup, la competición más especial del mundo del golf.
Una competición única, no solo por su estructura, sino porque tiene la particularidad de que nos muestra una Europa Unida. Sí, porque si la política presenta grandes retos para el continente, de hecho, la Unión política ha recibido un duro varapalo con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la Europa deportiva, la Europa golfística, goza de muy buena salud. Tiene la magia de aquellas que no se celebran anualmente, de las se hacen esperar. Y es, en definitiva, un evento que a todo lo bueno del golf le añade el componente de equipo y la implicación del público.
Estados Unidos vs Europa. Los mejores del mundo, que semana tras semana compiten de forma individual, tienen la oportunidad de ser seleccionados entre los 12 elegidos, en un formato que en la actualidad cuenta con 8 encuentros de foursomes (las parejas golpean alternativamente la misma bola), fourballs (cada uno su bola) y los 12 partidos individuales.