Ahora bien, el mensajero que había ido a llamar a Micaías le advirtió: —Los profetas predicen el éxito del rey. Habla favorablemente.
Pero Micaías repuso: —Yo le anunciaré al rey lo que Dios me diga.
El rey, le preguntó: —¿debemos ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o no?
—Ataquen y vencerán —contestó él—, porque les será entregada. El rey le reclamó:
—¿Cuántas veces debo hacerte jurar que no me digas nada más que la verdad en el nombre del Señor?
Micaías concedió: —Vi a todo Israel esparcido por las colinas, como ovejas sin pastor. Y el Señor dijo: “Esta gente no tiene amo. ¡Que cada cual se vaya a su casa en paz!”
El rey de Israel le dijo a Josafat: —¿No te dije que jamás me profetiza nada bueno, y que solo me anuncia desastres?