Acaz solicitó la ayuda de los reyes de Asiria, los edomitas habían atacado, los filisteos saquearon y se apoderaron de ciudades. Así fue como el Señor humilló a Judá, por culpa de Acaz su rey, quien permitió el desenfreno en Judá y se rebeló totalmente contra el Señor.
El rey de Asiria, en vez de apoyar a Acaz, marchó contra él y empeoró su situación, le entregó todo lo que había de valor en el templo del Señor, en el palacio real y en las casas de sus oficiales; pero eso de nada le sirvió, se empecinó en su rebelión contra el Señor, pues pensó: «Como los dioses de Siria ayudan a sus reyes, también me ayudarán a mí si les ofrezco sacrificios».
Pero esos dioses fueron su ruina y la de todo Israel, despedazó los utensilios del templo del Señor, cerró sus puertas e hizo construir altares en cada esquina de Jerusalén, murió y fue sepultado en la ciudad de Jerusalén, pero no en el panteón de los reyes de Israel.
Su hijo Ezequías lo sucedió en el trono.