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El profeta Jeremías estaba angustiado por el complot que se había gestado en su pueblo natal en su contra. Sus propios vecinos y parientes se habían levantado para conspirar en su contra. Ellos no aguantaban sus palabras, sus profecías sobre la destrucción. Pero no se daban cuenta que incluso si mataban a Jeremías, no silenciarían su mensaje, pues éste venía del Señor. Jeremías pide respuestas de parte del Señor, y también pide venganza. Y aquí viene la sorprendente respuesta del Señor: "¿Cómo podrás correr contra caballos, si te cansas compitiendo contra simples hombrs?". Es decir, por más difícil que fuera esta prueba para Jeremías, se vendrían pruebas aún mayores. Dios le esta pidiendo a Jeremías que sea fuerte, ya que esto era solo el comienzo. Después serían reyes y sacerdotes que se levantarían en su contra. Jeremías no debía olvidar las promesas de Dios: el Señor cuidaría de él, y lo transformaría en una muralla de bronce, inquebrantable. Dios promete castigar a los malvados; pero también promete tener misericordia de su pueblo. Que las promesas de Dios sean nuestro sustento. Aún en los momentos difíciles, y más duros, que nada nos haga desconfiar del amor de Dios y de su plan perfecto. Que el Señor te bendiga.