Las predicaciones de Jeremías, que provenían del Señor, siempre incluían estas interesantes ilustraciones. Jeremías debía comprar una vasija de barro; debía invitar a los líderes de Jerusalén y a algunos sacerdotes a que lo acompañaran al Valle de Ben Hinom, y delante de ellos debía quebrar la vasija de barro. Eso era lo que le pasaría a Jerusalén. Sería completamente destrozada. Tal sería la destrucción, que debido al sitio de los enemigos, dentro de la ciudad se practicaría el canibalismo. Madres se comerían a sus propios hijos. ¡Qué imagen más macabra! ¿Por qué ocurriría eso? Porque en ese mismo valle, muchos en Israel estaban adorando a dioses extraños, al punto que estaban pasando a sus hijos por el fuego. Esa era la forma de adorar a Moloc, el dios de los amonitas. Dios nunca pidió algo así. Por esa aberración, Dios traería la destrucción total sobre Jerusalén. Que Dios nos ayude a evitar todo tipo de idolatría, la cual solo trae la ira de Dios. Que el Señor nos ayude a recapacitar y a arrepentirnos de corazón, para que esto nunca nos suceda a nosotros. Que el Señor te bendiga.