Dios le dijo a Jeremías que se hiciera un yugo de madera, y que se lo atara al cuello con cuerdas de cuero. El yugo es utilizado mayormente por los buyes, para que puedan jalar el arado. Un yugo puede ser algo muy pesado para un ser humano; pero para los bueyes, que son animales muy fuertes, posiblemente no les incomde. El pobre Jeremías tenía que usar el yugo, para darle un mensaje a todos los embajadores de los países vecinos, que habían venido a ver a Sedequías, el nuevo rey de Judá. ¿Qué significaba el yugo? Estoy seguro que nadie olvidó el mensaje de Jeremías, que iba acompañado de este poderoso ejemplo visual: el yugo significaba que Dios había entregado toda la tierra y sus habitantes en manos del rey de Babilionia. Todos debían someterse bajo su mano; quien no lo hiciera, sería destruído por el hambre, la enfermedad y finalmente la guerra. Lo triste de esta historia es que el propio Sedequías, rey de Judá, no quiso someterse ni al Señor, ni al rey de Babilonia. Dios llamó a Nabucodonosor su siervo; Dios le había entregado el poder. Por lo tanto Sedequías se estaba rebelando contra el Señor. ¿Por qué lo hizo? Porque prefirió escuchar la voz de los falsos profetas, y no a voz del profeta de Dios, Jeremías.
Hoy nosotros también debemos ser sabios, y debemos tener cuidado a quién escuchamos. Hay muchos que nos van a dar mensajes que nos gusten y nos acomoden. Mucho cuidado. Escucha a la Palabra del Señor. Permite que Él te reprenda, te enseñe, y te guíe. Toma el yugo del Señor Jesús. Su carga es ligera. Aprende a confiar y a caminar con Él. Solo así encontrarás salvación. Que el Señor te bendiga.