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No es fácil reconocer a un falso profeta. Jananías, de Gabaón, vino a Jerusalén con un mensaje, que según él, venía del Señor. Predijó que los desterrados y los tesoros que habían sido llevados a Babilonia, volverían dentro de dos años. Además vino, y le quitó a Jeremías su yugo, y lo quebró, y dijo que Dios quebrantaría el poder de Babilonia en dos años. Jeremías inicalmente respondió con ironía. Dijo: "Amén. Lindas palabras. Espero que se cumplan". Y ese era el pensamiento de todo el pueblo. A todos les gustan las buenas noticias. A la vez, todos despreciaban a Jeremías, porque solo anunciaba muerte y destrucción. Pero Jeremías también le recordó a Jananías que otros antiguos profetas ya habían anunciado destrucción por la maldad y desobediencia del pueblo. Por lo tanto, Jananías no solo estaba contradiciendo a Jeremías, sino que a otros grandes profetas. ¿Cómo reconocer a un falso profeta? Un profeta no puede contradecir la Palabra de Dios. Un profeta tiene que llamar al arrepentimiento. Tiene que llamar a la obediencia. Jananías no hizo ni lo uno ni lo otro. Para que un profeta sea verdadero, se debe cumplir lo que dice. Jeremías le anunció a Jananías que moriría ese mismo año por haber mentido en nombre del Señor. Y así sucedió. Dos meses después, Jananías había muerto. Todos queremos escuchar buenas noticias. Pero no podemos contradecir a Dios. Dios ya había decidido darle el poder a Babilonia, para castigar a su pueblo. Jeremías ya había anunciado que su poder duraría por varias generaciones. La única escapatoria sería a través de la obediencia a la Palabra de Dios. Que el Señor nos libre de creerle a los falsos profetas. Y nos de un corazón lleno de fe para su Palabra. Que el Señor te bendiga.