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Israel padecía de una herida incurable. La única solución era un tratamiento radical y muy invasivo. Dios debía limpiar la herida, y hacer toda una reconstrucción de todo lo que se había dañado: tejidos, nervios, órganos. El tratamiento involucraba sacarlos de su tierra, y llevarlos al exilio. Destruir su tierra, para volvera a edificar. Solo así Israel se aferraría nuevamente a su Dios. Pero Dios los promete: ustedes volverán a su tierra. Solo deben marcar el camino, porque regresarán por él. Volverán a vivir en sus ciudades. Pero para que eso ocurra, yo haré un nuevo pacto con ustedes. El antiguo pacto había sido quebrantado. Se necesitaba un nuevo pacto. Y el nuevo pacto es muy similar al anterior, pero con un cambio muy significativo. En el antiguo pacto, Dios escribió sus requerimientos en tablas de piedra: Los Diez Mandamientos. En el nuevo pacto Dios escribiría su Ley en las mentes y corazones de su pueblo. Dios perdonaría sus pecados, y todos conocerían al Señor de forma personal e íntima. El nuevo pacto fue instituído por Jesús, a través de su muerte. Sólo a través de Jesús es que podemos ser verdaderamente perdonados por Dios. La Ley de Dios es escrita en el corazón mediante el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo se recibe en el momento que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, y le entregamos nuestra vida mediante el bautismo. ¿Será que nosotros necesitamos hacer un nuevo pacto con el Señor? El Señor nos ama con un gran amor, y su único deseo es sanar, restaurar, y bendecir. Vuelve a Él. Que el Señor te bendiga.