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Los judíos que huyeron a Egipto, siguieron en sus pecados detestables. Aún después de haber pasado por la amarga experiencia del asedio y la destrucción causada por los babilonios; aún después de que el Señor los había reprendido duramente, ellos seguían adorando a sus ídolos. El capítulo hace un énfasis especial en las mujeres y los hombres, que seguían adorando a la Reina del cielo, una referencia a Ishtar, o Astarté, la diosa cananea y babilónica de la fertilidad y la guerra. Según ellos, mientras la adoraron en el pasado, no les había faltado nada. Ellos creían que era gracias a ella que en el pasado habían prosperado. Por eso rechazaron las palabras del profeta Jeremías, y expresaron que la seguirían adorando sin importar nada. Dios les anuncia que por continuar en sus pecados, la guerra y el hambre los volvería a alcanzar en Egipto. Morirían en Egipto, y solo unos pocos regresarían finalemente a Judá. Debemos tener mucho cuidado con la idolatría. Muchas veces podemos equivocarnos, y creer que la prosperidad proviene de el esfuerzo, o de algún poder externo; pero la única seguirdad y la verdadera prosperidad está en obedecer y seguir al Señor. Que Dios nos ayude a nos er engañados, y a abandonar cualquier ídolo que quiera ocupar el lugar del Señor. Que el Señor te bendiga.