A partir de este capítulo, encontraremos las profecías de Jeremías contra otras naciones. Esto nos demuestra que el Señor gobierna el mundo, y no solo a Israel. En la antigüedad, los dioses de las naciones eran locales; es decir, se creía que su poder solo se limitaba a un área geográfica específica. El Dios de Israel, es el Creador de los cielos y de la tierra, por lo tanto gobierna todo el Universo. Dios, en su sabiduría y soberanía, había elegido a Nabucodonosor como su instrumento de castigo para el mundo antiguo. Aquí se profetiza la victoria de Babilonia en Carquemis sobre los egipcios; y luego su victoria sobre toda la tierra de Egipto. A Egipto no lo podrían salvar sus guerreros valientes, ni sus caballos ni carros de guerra. Nada sería efectivo contra el ejército babilónico. ¿Por qué Dios castigaría a Egipto? No se dice expresamente; pero al parecer tiene que ver con su orgullo y su idolatría. Además, Israel entendería que Dios trata a todas las naciones por igual. Dios hace justicia en todas partes. Pero aquí también se promete que Israel volverá del destierro. Pero Dios tenía que primero aplicar el castigo; para luego demostrar su misericordia. Que el Señor nos ayude a soportar su disciplina, cuyo único objetivo es corregirnos, y enderezar nuestros caminos. Que el Señor te bendiga.