El libro de Jeremías termina relatando una vez más, el episodio más triste de la historia del pueblo de Dios: la caída de Jerusalén. Después de un largo asedio, finalmente cae la ciudad, el Templo, y sus habitantes. Muchos mueren. Y muchos otros fueron llevados al cautiverio. El libro de Jeremías termina mostrándonos que la Palabra de Dios se cumple. Las advertencias que Dios envió, no fueron escuchadas; nunca hubo un arrepentimiento verdadero; lo único que quedaba era el castigo. Pero aún cuando el capítulo relata lo triste, lo duro, y lo trágico que fue la destrucción de Jerusalén, y la muerte de su pueblo, el capítulo nos muestra como el rey Evil Merodac tuvo compasión del rey Joaquín. Esa era una demostración de la gracia de Dios. El Señor castiga; pero el Señor también demuestra y extiende su misericorida. Que el Señor nos de oídos atentos a su voz, para que creamos y obedezcamos a su Palabra. Que el Señor te bendiga.