Quiero terminar el mes de febrero con una anécdota que me ocurrió hace algunos años en un servicio de comedor; con la finalidad de reflejar un poco esa mirada sencilla que tienen los niños hacia el mundo y de la cual creo que tenemos que aprender…o quizás, simplemente recordar, porque todos hemos sido peques.
Espero que lo disfrutéis. ¡Un abrazo mis queridos adultos significativos!