La frase del título siempre resuena en boca del sacerdote durante la Santa Misa. Precisamente, en un momento en que nos muestra -a todos- la hostia Consagrada ¡Cristo mismo entre sus dedos!
Pero... ¿Acaso nos sentimos dichosos por ser invitados a esta Cena?
Muchos ¡ni siquiera saben que son realmente bendecidos ¡por estar reunidos ahí!
Y por ello, quiero animarte a que me acompañes en el audio de hoy. Porque estoy segura ¡que cambiará tu forma de experimentar este precioso momento en la Misa!