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3 de octubre de 2026

Primera de Crónicas 29: 10 al 11.

El rey David se alegró mucho y bendijo al Señor delante de toda la congregación. Dijo: «Bendito seas, Señor y Padre nuestro, Dios de Israel, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; pues tuyas son todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Tuyo es, Señor, el reino. ¡Tú eres excelso sobre todas las cosas!.

ALABA AL DUEÑO DE TODO…

¿Alabas a los multimillonarios del mundo? Probablemente no. Después de todo, ¿qué han hecho por nosotros multimillonarios como Bill Gates o Jeff Bezos? Quizás tengamos una computadora portátil con Microsoft o nos encanten las entregas rápidas de Amazon, pero tuvimos que pagar por esas cosas; no nos las regalaron Bill Gates ni Jeff Bezos. Probablemente no alabaríamos a los multimillonarios del mundo.

Sin embargo, sí le cantamos alabanzas al dueño de todas las cosas. Como el rey David, alabamos a nuestro Dios todopoderoso, el dueño de todo lo que hay en los cielos y en la tierra. Dios creó todo y posee toda la magnificencia, el poder, la gloria, la victoria y el honor. No alabamos a Bill Gates ni a Jeff Bezos por lo ricos que son ni por lo mucho que poseen; pero alabamos a Dios, el dueño de todas las cosas, ¡porque él también es el dador de todo lo bueno! ¡Nuestro Dios usa su grandeza, su poder y su gloria para bendecirnos!

No podemos menos que gritar nuestra alabanza a aquel que nos ha permitido poseer su amor en el corazón mediante la obra del Espíritu Santo. No podemos menos que gritar nuestra alabanza a Dios, que nos ha dado como nuestro el manto blanco de la perfección de Cristo. No podemos menos que gritar nuestra alabanza a Dios por compartir con nosotros la gloria de su cielo. ¡Alaba a Dios, el dueño de todo, que comparte contigo todo lo que tiene!

Oremos:

Señor todopoderoso, verdaderamente tuyas son todas las cosas en los cielos y en la tierra. Te alabo y te doy gracias por compartir todo conmigo por medio de tu Hijo, Jesús. Amén.