16 de octubre de 2026
Primera de Juan 5: 13 al 15
Les he escrito estas cosas a ustedes, los que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna. Y ésta es la confianza que tenemos en él: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, también sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
[...]CONFIANZA…
¿Estás seguro?, sigue preguntando Satanás, mientras intenta robarte la confianza.
Juan, discípulo de Jesús, señala dos cosas que profundi.zarán tu confianza.
La primera es la certeza de que la vida eterna es tuya. Tienes esta confianza porque crees en el nombre del Hijo de Dios. Su nombre es Jesús, que significa salvador, el que rescata. Un estudio que vale la pena sería buscar en la Biblia todos los títulos y nombres descriptivos de Jesús que puedas encontrar. Su «nombre» incluye todo lo que él ha hecho por ti. Es, pues, un hecho revelado que el Hijo de Dios vino al mundo como verdadero hombre y cumplió su misión a la perfección. El pago de su vida, muerte y resurrección por los pecados del mundo fue aceptado por el Padre como pago total. Al confiar en Jesús y en todo lo que sus nombres te dicen de él, puedes saber que tienes el perdón de los pecados y la vida eterna.
Luego, el sabio y anciano apóstol te enseña una segunda clave de la confianza. Tiene que ver con tus oraciones a Dios: si pedimos algo según su voluntad. La voluntad de Dios es lo que Dios quiere. La Biblia revela lo que Dios quiere que creamos y hagamos, hasta donde necesitamos saberlo. Y, en cuanto a las cosas que solo Dios sabe, Jesús nos enseña a confiar como él confió, diciendo: No se haga mi voluntad, sino la tuya. Como oramos para que se haga la buena voluntad de Dios, sabemos que «tenemos las peticiones que le hayamos hecho», ya sea que su respuesta sea sí, no o espera con paciencia.
Esa es la confianza que Dios da.
Oremos:
Señor, consérvame en esa certeza. Amén.