13 de octubre de 2026
Lucas 17: 17 al 19.
Jesús dijo: ¿No eran diez los que fueron limpiados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo quien volviera y alabara a Dios sino este extranjero?. Y al samaritano le dijo: Levántate y vete. Tu fe te ha salvado.»
DARLE GRACIAS A JESÚS…
Era su ritual de los viernes por la noche. Iba a un viejo muelle de la costa este de la Florida con un balde de camarones. Uno por uno, sacaba los camarones y alimentaba a las gaviotas que se agolpaban a su alrededor. La mayoría de los que lo veían pensaban que era solo un viejito excéntrico. Pero su nombre era el capitán Eddie Rickenbacker y, durante la Segunda Guerra Mundial, quedó a la deriva en el mar. Cuando todo parecía perdido, una gaviota se posó en el sombrero de Eddie y, milagrosamente, sin resistirse, se dejó atrapar. Eddie y los demás hombres comieron lo que pudieron y usaron lo que quedó del ave como carnada. Su sacrificio los salvó. La manera de Eddie de dar las gracias fue alimentar a esas aves todos los viernes por la noche.
Jesús sanó milagrosamente a diez hombres de la lepra, pero solo uno de ellos volvió para darle las gracias. Quizás los otros estaban agradecidos, pero no le mostraron su gratitud a quien los había sanado. Solo uno regresó a expresarle su agradecimiento a Jesús.
Su gratitud era una señal de su fe en Jesús, una fe que consistía en una dependencia total de Dios. El hombre sabía que no había nada que él pudiera hacer para sanarse de la lepra; solo Jesús podía hacerlo. Su fe no lo defraudó y, por medio de esa fe, Jesús le aseguró que era salvo.
La fe en Jesús salva. La fe salva porque Dios da un amor inmerecido, sin condiciones ni requisitos. La respuesta apropiada es la misma del leproso que regresó: postrarse a los pies de Jesús y darle gracias.
El capitán Eddie Rickenbacker era cristiano. Decía que había sido salvado para servir a Dios y servir a los demás. Esa es una manera aún mejor de dar las gracias que alimentar gaviotas con camarones. Es una manera en que todos podemos darle las gracias a Jesús.
Oremos:
Querido Jesús, gracias por darme fe para confiar en tu obra salvadora. Ayúdame a darte las gracias sirviéndote a ti y a las personas que hay en mi vida. Amén.