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31 de diciembre –

 FINALMENTE

Hebreos 1:1-3 (RVC)
«Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en tiempos antiguos por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de todo, y por medio de él creó el universo. Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas.»

Todos hemos estado allí alguna vez. Como niños, esperando ese regalo especial de Navidad; como padres, esperando conocer al bebé por primera vez; como trabajadores veteranos, contando los días hasta la jubilación. Esperar no es fácil. Especialmente cuando lo que se espera es algo tan maravilloso.

¿Puedes imaginar cómo fue para el pueblo de Dios esperar al Mesías? Durante miles de años vivieron aferrados a las promesas que Dios había dado por medio de los profetas. Sabían que Dios cumpliría su palabra en el tiempo señalado. Aun así, debió ser difícil vivir en un mundo lleno de pecado y dolor, confiando en que el cumplimiento llegaría.

Pero mira lo que el autor de Hebreos declara: ya no vivimos en la época de la espera prometida, sino en el tiempo en que Dios ha hablado plenamente por medio de su Hijo.
El Mesías no es una esperanza futura: ya ha venido.

El hecho de que Jesucristo vino al mundo significa que el regalo glorioso está delante de nosotros. Dios ya cumplió su promesa. Cristo está con nosotros cada día compartiendo perdón, amor y consuelo. ¡Qué alegría recordar cada día que él vino, y que por él ya tenemos todo lo que necesitamos para la vida y para la eternidad!

Oración:
Jesús, Salvador nuestro, gracias por renovar en mí cada día la gratitud por tu venida al mundo. Tú eres nuestro mayor regalo, por el cual te agradezco ahora y para siempre.
Amén.