12 de octubre de 2026
Lucas 17: 12 al 13.
Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se quedaron a cierta distancia de él, y levantando la voz le dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!.
JESÚS, TEN COMPASIÓN…
¿Cuándo lo supo? ¿Cuándo supo que esa piel enrojecida e irritada no iba a mejorar por sí sola? ¿Fue cuando la lesión comenzó a extenderse? ¿O[JC1] Cuando cuando la notó en los dos brazos o en las dos piernas? Quizás fue cuando se le empezó a caer el cabello. O tal vez cuando se machucó la mano con la puerta y se dio cuenta de que no sentía dolor. ¿Trató de cubrirse y esconderse para que nadie lo notara? ¿Cuándo supo que tenía lepra?
La lepra era peor que una sentencia de muerte: significaba tener que vivir como si ya estuvieras muerto. Te arrancaban de manera traumática de tu familia y tus amigos. Te aislaban y te expulsaban de tu ciudad o aldea. Existías en los márgenes. Era como si fueras invisible.
¿Y tú, cuándo lo supiste? ¿Cuándo sentiste el dolor de esta vida, la sensación de que te faltaba algo? Tu condición no es la lepra, pero es aún más peligrosa, aún más aislante: es la corrupción [JC2] infección del pecado. El pecado corrompe todo en esta vida: tus relaciones, tu salud mental y física. Y te separa de Dios.
«¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Eso fue todo lo que los diez leprosos pudieron decirle a Jesús. Era su única esperanza. Todo lo que tú puedes decirle a Jesús es lo mismo: «¡Jesús, ten compasión!». Y él la tiene. Así como Jesús tuvo compasión de aquellos leprosos, tiene compasión de ti: Jesús te perdona los pecados, te restaura y te redime.
Jesús les dijo a los leprosos que se presentaran ante los sacerdotes. Eso fue todo. Sin gran espectáculo, sin teatro. Pero cada uno fue, y cada uno quedó sano.
El perdón llega de la misma manera: sin gran espectáculo, sin teatro. Tu corazón creyente confía en estas palabras: «Estás perdonado». Y Dios no ve más tus pecados. Estás limpio y ya no estás separado de Dios, porque Jesús sí tiene compasión.
Oremos:
Señor, dame fe para confiar en tus palabras de misericordia y de perdón. Amén.
[JC1]Para evitar pensar que se trata de cuándo
[JC2]Infección hace pensar que el pecado no es algo malo que surge de nuestra naturaleza pecaminosa sino más bien una condición que merece condescendencia