4 de octubre de 2026
Primera de Crónicas 29: 14.
A decir verdad, ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para poder ofrecerte todo esto, y de manera voluntaria? Todo es tuyo, y lo que ahora te damos lo hemos recibido de tus manos.
LA GENEROSIDAD HECHA POSIBLE…
Quizás has oído a alguien decir: «¿Quién soy yo para que Dios me bendiga tanto?. Pero tal vez nunca has oído a nadie decir: ¿Quién soy yo para que Dios me permita ser tan generoso?». Sin embargo, eso es lo que dice el rey David en nuestra lectura bíblica de hoy.
Dios había bendecido a David con un reino próspero y una riqueza asombrosa. El pueblo de Israel también recibía las bendiciones de ser parte del reino rico y poderoso de David. David y su pueblo le devolvieron a Dios parte de esa riqueza al donar materiales para construirle un magnífico templo en Jerusalén. David sabía que la única razón por la que él y su pueblo podían ser tan generosos al dar para el templo de Dios era que Dios primero había sido generoso con ellos.
Dios también te ha dado a ti una montaña generosa de regalos: te ha dado su amor inmerecido en Jesús, el perdón y la paz con él, y un hogar en el cielo. Además de todos esos regalos generosos, Dios también te ha bendecido con dones terrenales: comida, bebida, bienestar y recursos económicos.
Como Dios ha sido tan generoso contigo, ahora ha hecho posible que tú también seas generoso. Ahora tienes un corazón que quiere ser generoso con Dios con tu tiempo, tus talentos y tus tesoros. Después de todo, ¡todo lo que tienes es un regalo de su mano! Lo único que haces al dar es devolverle buenos regalos a aquel a quien le pertenecían desde el principio.
¿Quién soy yo para que Dios sea tan generoso conmigo? ¿Quién soy yo para que Dios me dé la capacidad de ser tan generoso con él y con los demás? Soy alguien amado por mi Padre celestial. Eso es lo que soy.
Oremos:
Gracias, Padre celestial, por darme con tanta generosidad tantas bendiciones espirituales y terrenales. Obra en mí un corazón generoso, que ame dar buenos regalos a los demás. Permíteme devolverte a ti mi tiempo, mis talentos y mis tesoros. Amén.