Sábado 26 de septiembre de 2026
Lucas 16: 19 AL 21
[Jesús les dijo] «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y cada día celebraba espléndidos banquetes. Había también un mendigo llamado Lázaro, que lleno de llagas pasaba el tiempo echado a la puerta de aquél, ansioso de saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico, y hasta los perros venían y le lamían las llagas.»
…LAS APARIENCIAS ENGAÑAN…
Había un hombre rico cuya vida parecía perfectamente fabulosa en todo sentido: vestía las mejores ropas y cada comida era un banquete.
Había un hombre pobre cuya vida parecía perfectamente miserable en todo sentido: su ropa era opaca y nunca tenía suficiente para comer.
El pobre se llamaba Lázaro. Aunque el mundo no lo consideraba nadie especial, Dios lo conocía bien, y Lázaro conocía bien a su Dios. En Dios confiaba, a pesar de sus circunstancias. Así que, aunque parecía que no tenía nada, en Dios, Lázaro lo tenía todo.
Cuando te miras al espejo, ¿qué ves? Puede que tus ojos vean a un don nadie, a alguien ignorado u olvidado; pero Jesús sabe tu nombre y te conoce perfectamente. Puede que tus ojos vean a alguien cuya vida está definida por un sinnúmero de malas decisiones; pero Jesús ya lo hizo todo bien por ti y te purificó por completo con su sangre. Puede que tus ojos vean a alguien que está luchando; pero tú eres más que vencedor por medio de Cristo, que te ama. A veces puede parecer que no tienes nada; pero en Jesús lo tienes todo.
Oremos:
Padre celestial, abre mis ojos para ver mi riqueza y mi valor en Jesús, mi Salvador. Amén.